DE TUS MANOS CAEN LAS CENIZAS

IL DOMENICHINO, ESTUDIO DE MANOS

IL DOMENICHINO, ESTUDIO DE MANOS

 

 

 

 

De tus manos caen las cenizas

del último tótem de la noche,

del susurro escapa el sueño

entre pavesas de alcanfor impregnadas.

El ruido de la noche se prodiga

entre las grietas de las paredes y los aumenta

el eco del insomnio.

Entre mis manos suda el calor,

calostro amargo en un día equivocado.

El pulmón rechina el aire y el párpado

tropieza y se endereza.

Así pues hay tres curvas en este espacio,

vivos arcos que resuenan en las cuerdas

del sueño, desde su cajón de entrañas.

Ya hace tanto tiempo, amor, del encuentro primigenio,

del hechizo de la sangre encabritada,

de la clara espuma del cabello enlutado.

Hace tanto, amor, del amor oscuro.

Ella canta, aguda entre trompetas

al recuerdo de esas calles que eran mías.

Ahora, tiembla el hilo blanco

que divide en mitades lo concorde.

La concubina de estos momentos inhalados

entre fosas que semejan montañas,

inventa historias robadas a algún tiempo

en algún lugar de nombre congelado

por la inercia, por lo muerto, por lo usado.

Acaso ya no hay lugar en estos años para instantes

y el pensar, si no es completo

aniquile los conjuros al mal tiempo.

Pero siento quebradas voces,

hablo entre sinuosos roces y añoro la espalda

en que recostaba la carga del esfuerzo cotidiano.

El simple costo que esquive la ignorancia

de resumir en la jornada lo obvio,

no figura entre esta sed tan llena de nostalgia.

Beber al filo de la almohada

la noche sin sigilo y sin infancia,

entre curvas que almacenan tanta constancia

no dejan más, que un espacio herido

donde reposar una sola de mis alas.

 

 

LEONARDO DA VINCI, ESTUDIO DE MANOS.

LEONARDO DA VINCI, ESTUDIO DE MANOS.

 

 

De les teves mans cauen les cendres

de l’últim tòtem de la nit,

del murmuri escapa el somni

entre cendres de càmfora impregnades.

El soroll de la nit es prodiga

entre les esquerdes de les parets i els augmenta

el ressò de l’insomni.

Entre les meves mans sua la calor,

calostre amarg en un dia equivocat.

El pulmó grinyola l’aire i la parpella

ensopega i s’aixeca.

Així doncs, hi ha tres corbes en aquest espai,

vius arcs que ressonen en les cordes

del somni, des del seu calaix d’entranyes.

Ja fa tant temps, amor, de la trobada primigènia,

de l’encanteri de la sang encabritada,

de la clara escuma del cabell endolat.

Fa tant, amor, de l’amor fosc.

Ella canta, aguda entre trompetes

al record d’aquests carrers que eren meus.

Ara, tremola el fil blanc

que divideix en meitats l’avinença.

 La concubina d’aquests moments inhalats

entre fosses que assemblen muntanyes,

inventa històries robades a algun temps

en algun lloc de nom congelat

per la inèrcia, per allò mort, per l’usat.

Potser ja no hi ha lloc en aquests anys per a instants

i el pensar, si no és complet

aniquili els conjurs al mal temps.

Però sento esfondrades veus,

parlo entre sinuosos frecs i enyoro l’esquena

en què recolzava la càrrega de l’esforç quotidià.

El simple cost que esquivi la ignorància

de resumir en la jornada l’obvi,

no figura entre aquesta set tan plena de nostàlgia.

Beure al caient del coixí

la nit sense sigil i sense infància,

entre corbes que emmagatzemen tanta constància,

no deixen més que un espai ferit

on reposar una sola de les meves ales.

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