AMANECE

Amanece, y el tiempo tiembla

hacia delante siempre, tiembla

las horas que desparrama sobre la piel

atenta a tanto trasiego.

En estos momentos en que el negro

dicen que es blanco, el gris, profundo gris

de las nubes fuera deshacen la falacia.

Estremece el viento el vello aprisionado

entre el frío y el espanto de ser testigo

de tanto letargo a espaldas del invierno

que, sin pena ni gloria anda desmañado,

por calles sin pasos, ni sombras que cobijen

las lluvias y los vientos. Se pierde un año.

Se regala su estela a las voces que insisten

la letanía del triunfo, el eco de la insistencia

a costa de vidas que se pierden

en sus redes sin sonrisa, ni prisa, ni pausa,

hacia abajo siempre, con el peso de las piedras

en sus bolsillos. Amanece, el tiempo tiembla,

amenaza la primavera con los primeros brotes

casi a deshora, casi a tientas, tan aprisa por ser verde

por ser vida, tan nueva como sabia, que

duele la helada acallando su primer suspiro

y la flor, que no fue por poco, pero no fue.

Y así sigue el tiempo temblándonos el alma

que pasa, chitón, entretenida en hurgar

distracciones a medida para medio morir,

para medio vivir, para medio querer no sabemos que,

que hiela este grito roto como escarcha.

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