SI NO PUEDO PEDIR QUE VENGAS

 

Si no puedo pedir que vengas

y el cobijo de tu voz, se va,

me entretendré en perderte

bajo columnas sibilantes,

en calles con sombras libadas

a un día aletargado.

Los dedos serán muñones tensos

de caricias pasadas perecidas,

a los que el susurro de un recuerdo

no devolverán las alas.

Y me encogeré entre las letras de tu nombre

pensando si el encuentro sólo fue

un yerro entre la arena

de un reloj extraño, polvoriento

en el rincón de lo sin nombre

fruto de un sueño inacabado,

y un sitio que no existe si no es prestado.

Y rodaré por lenguas silenciosas

que soliloquian la esquina de un verso

sin verbo, ni carne que amasar

en las llamas de unos labios concisos.

Te habré perdido, sin saber que te buscaba,

sin pretender encontrarte, más allá,

de lo que se busca el aire.

 

 

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