DESCONOCIDO

De tus dedos, largos dedos,

cuelgan besos, como caminos

ramas de ti mismo.

Me acerco al caminar

de tus raíces pies, descendiendo

empedradas calles cerradas

al vigor de la osadía.

Te mueves con el viento,

oscilas entrando en la sombra

que te acompaña seria,

postrada en los silencios que

cada paso ofrece al otro.

Eres casi inmenso, inabarcable

en el ancho gesto de los brazos,

con la poca luz que resta de esta tarde,

cubres terreno, escapas.

No hay palabras que te quepan

en la boca ocupada en su sigilo,

La luz se aleja de ti para mirarte

y retenerte de este lado en el que ver,

es osadía sin destino.

Es el momento el que nos crea y nos destruye,

el oasis que sabemos acaba nada más

despertar al pensamiento. Pero hoy,

por ese instante, apoyo mi cabeza

en la piedra en el acto de mirarte

y seguir las mansas huellas de tus dedos,

ensimismada en la laguna que provocan.

No me queda más remedio que nadarte

entre las hojas que susurran

sobre el suelo el destino

de este manso otoño.

Te pierdes en una esquina

no descrita en el mapa vivo

que te lleva y trae sin descanso,

ya es tarde para encontrarte,

o saberte, o conocerte, o recrearte.

Te perdí, emboscada en tu presencia,

Me pierdo en esta sombra, entre tu sombra.

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