NO TE RECONOZCO

 

No te reconozco dentro de ese cuerpo que se dobla ante mí

como ante un obstáculo insalvable, tú el de las mil palabras.

No sé si eres tu quien asoma por esos ojos mansos,

mirando sin ver aquello con lo que tropiezan,

el de la fiera y atenta mirada.

Esas manos torpes, enormes hojas secas sin nervio,

casi inmóviles, inhábiles en las caricias y el hecho,

las de los cuadros y los poemas abandonados.

Despiertas en mi una ternura -y un enfado

que se deshace al mirarte- hasta ahora imprevisible,

que se derrite al tocarte y nos cubre con manto triste y dulce,

apartándonos del resto lejano y frío,

terriblemente ausente de este refugio entre el hoy y la nada.

Parece que solamente tú tengas sentido

y pienso que eres lo que más temo

y tu futuro mi miedo más presente,

la nebulosa que vierte su feto al desierto

sin valimiento ni caricia que permanezca

porqué no se sabe que se está siendo acariciado.

Es el sufrimiento, aún sin saberlo nosotros,

el que nos deja siempre en el mismo sitio,

es ese que me atrae sumergiéndome

sin pedir permiso, en la negrura de las vidas quietas

remándolas a contracorriente de la mía.

Y hoy eres tú la barca sin frutos en la red, y yo

la sombra que te falta.

Supongo, que a pesar de todo,

haremos el camino juntos, hasta que caiga el día.

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