AQUÍ ESTÁS. SOLO ESO.

Aquí estás. Sólo eso

Aquí estás. Sólo eso

Aquí estás. Sólo eso.

Sin guardar lo que había que guardar

ni proteger lo que queda a la deriva,

o flota sobre capas de lunas que pasaron.

No hay equipaje al que sobrevivir.

Sólo eso, estar, permanecer.

No se pide rendición ni victoria,

ni siquiera lucha entre trincheras

a la sombra de huestes nocturnas.

Tan sencillo o complejo como eludir preguntas

u ofrecer respuestas al vuelo atolondrado

de la golondrina alimentando el nido.                   

No definir el blanco de tus ojos,

nublados como cimas de montes

ni la voz que interpreta tu sentido

sentado en una esquina.

El suave borde del silencio

hace que tu ser aquí resuene

en el espacio nacido

para tener algo tuyo, para ser tuyo,

a modo de una música hereje

en oídos no curtidos

desde tu lengua de plata y viento.

Pero estás, sólo eso, completamente eso,

eres el aire que cada día pesca

las involuntarias redes de mil vidas tibias,

revividas sin inmutarse,                      

acostumbradas a tu presencia,

se sumergen en ti bebiéndote, nadando

la savia que te arrancan a brazadas de náufrago

sin contener la rabia del olvido.

Estás ahí, has de estar para tenerte,                                

has de estar ahí, para creerte a ti mismo

la fe de quien no ama,

para sustentar la vida que te pierde

y sin tenerte, reclama tu nombre en la mañana.

 

 

 

 

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