REVOLUCIÓN

Nos circundan alas,

alas que aplauden en silencio.

Catapultas de ausencias sin encuentro

y de vez en cuando un eslabón

encadena instantes al hilo de un refugio:

muerte, bautizo, boda, muerte.

Aparte esto, cada mundo no se cruza

ni el más mínimo saludo con el otro,

remoto inicio ya roto.

Para tontos las canicas y las cartas,

los juegos de las prisas se devoran ente ellos.

En medio, una raya roja divide los errores:

izquierda, los que se desprenden de las suelas

de los zapatos que sudan la calle,

derecha, los que nacen mamando la leche del poder.

Las alas por encima rugen y encandilan

con su paso algún pensamiento roto

que se aúna y vuela en temerosos círculos,

sin más prisión que el miedo y el olvido del vuelo.

¿Quién nos dará una limosna de aguamiel

estrechando con sus brazos el vacío

que cubre de lonas el espacio?

Alas que crezcan rojas y atrevidas

con penacho opalescente, auspicio osado

de resistencia fugazmente manifiesta

en la brisa que lo acoge.

Hay demasiadas preguntas respuestas,

excesivas respuestas esperando una pregunta

y pocas, pocas bocas abiertas, alas rotas,

manos ávidas de ganas de saber

la pregunta temida que perturbe,

duela y sane y recuerde

la fuerza de volar allá, en el infinito

de las diarias libertades, durmiendo exhaustas,

los intentos por poseer la vida.

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