LA TARDE GRIS

Las palabras echan humo          

sobre la tarde gris,

entre los recuerdos

se ha enredado un viento

que bostezando los aleja

del centro exacto donde nacieron,

los desparrama sobre las calles y se esparcen

entre las rosas del jardín.

Como sueños que huyen con el día,

se esconden en los bolsillos de las gentes,

baúles de la vida a cuestas,

enzarzándose en discusiones

con las manos que los poseen y guardan.

Celando el silencio distraído         

que los acalle o aúne con su sombra,

el penitente de las calles pobladas sin hijos

acompaña tal batalla

embebido de las luces engañosas en el agua

cayendo mansa, pintando estelas que seguir

sobre el suelo, para perderse

bajo farolas dudando, sobre humo recalando

en los pies que fueron niños,

entre voces que no le dicen nada,

invitándole a vagar, encapotado con la noche.

 

 

 

 

 

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