HAN MUERTO, DE REPENTE, DEMASIADAS COSAS

Miedo de lo que puede deshacerse

desde la sombra.

Han muerto, de repente,

demasiadas cosas en las sombras:

Los amigos

que vinieron y se fueron.

Desenterrados los miedos,

desterrados los días

de nubes silenciosas y blandas

y palabras de la tierra seca,

mi pueblo.

La calma de tus adioses

con regreso, mueren por la tarde.

y la vejez que amaba y me dejó seca una mañana

sin recuerdos que anotar en mi sangre

y entre mis ramas.

Y el dolor y la impotencia ante los brazos

vacíos de gente menuda, que se fueron

sin darme tiempo a desligarlos de mi vida

ni de mi olor, ni del sol de las ventanas.

He silenciado estas gotas

que los ojos vertían y las he besado.

He muerto la muerte que pasaba

vestida de sombra clara.

Las manos que la dibujan y la escriben

siguen vivas, como el miedo

a adentrarse en ella

y sentarse espalda contra espalda

a contarse historias de muerte

que le den voz a la vida.

 

 

 

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