AL ACABAR EL DÍA

 

Ocurre al acabar el día

el deseo de excluir su sombra

del mapa que conforma.

A esas horas la piel sigue su camino

adelante siempre,

secando al viento la huella

que deja sello.

Cuando reencuentras el silencio

a solas, contigo,

cuando la luz escurre sus últimos

tentáculos entre las sombras,

las manos se entretienen

en quehaceres que distraigan

o acompañen el momento

de encontrarte de nuevo aquí,

donde la voz se hace eco

truncando lo enunciado en el día

mientras miras la calle abajo,

dejada a su suerte

hasta un mañana que suena

a tiempo ausente,

a línea discontinua de uno mismo.

Cuando la voz se torna eco

del pensar y enmudece

los sonidos de la calle

y lo que sentías se hace vacío

entre paredes que aúllan de silencio,

que manchan de figuras

la pintura que las viste y las protege

de una nada insinuante y

recuerdan cada nombre ya olvidado.

Te sumerges en la vida

a tientas para no verte

reflejado en los cristales,

asustando la imagen que proyectas

sin poder reconocerte.

Cuando la voz se torna eco

de un continuo meditar

a la sombra que le impide gritar

encaneciendo el alma, a cada palabra perdida

le llega el silencio. Todo está perdido.

 

 

 

Esta entrada fue publicada en Poesía. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s