PERVERSIDAD

Todo se derrumba, esta última semana de agosto presagia la llegada de un cierto camino: el de la pobreza, el del silencio avergonzado, el de los que huyen y el de los que no pueden más, el de los que se quedan a la fuerza, el de los que nos quieren matar la voz y la vida con las frases rebuscadas y excusas para seguir en el poder que ya no tienen.

Este camino tan trazado, enmarcado en un plan perfecto para que perdamos lo que muchos ganaron para nosotros, tiene un nombre perverso, es perverso repagar los gastos sanitarios, perverso quedarse sin seguro médico por ser extranjero de esos que ayudaron a las arcas de ese sistema que ahora les vuelve a marginar, perverso cobrar 400 euros como si fueses un maleante al que hay que controlar y al que le bombardean con publicidad sin límites para que consuma sin descanso y además se les acuse de no encontrar un trabajo que no existe, perverso es que los niños se eduquen peor que yo y más caro, que los jóvenes deban estar preparados y se  tengan que empeñar o dejar su sitio a los que puedan pagarlo, existe una gran perversidad en las imágenes de personas revolviendo en contenedores, el neoliberalismo es perverso en sí mismo y porqué nos vuelve a llevar al feudalismo, es perverso que todo esto ocurra, y perverso no ver que todo esto ocurre ante nuestras propias narices.

No hay espesura que tape estas vidas y

las descanse a la sombra del refugio,

tampoco es posible reposar mi mente

en sus manos que acaricien y oscurezcan sus recuerdos.

Sin lugar ni espacio

sólo tiempo para esperar sin saber qué.

Las manos desatan sus nudos

abriéndose a la rabia y junto a las voces

forman coros de himnos desesperados

los gritos tras las vallas, tras los cuerpos

al fondo de los ojos, profundo pozo de mirar oculto

sin estrellas ni lunas que reflejar

perdida en ellos.

Carentes de sueños las manos que palpan

entre pesadillas el abrazo,

con dedos dispuestos a ser raíces en tierra extraña

a extender hojas y frutos amarrados al viento.

Si es que queda algún sueño que soñar

cuando no se tiene nada.

 

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