QUE SE JODAN

Desde mi pequeño rincón sin fronteras,

el futuro huele a humo

escapando de entre los dedos

que no cierran el puño de las manos perplejas.

Son como las horas sin sombra del hoy.

Las palabras siguen golpeando

con las mentiras que gritan

los que desunen las luces de la noche,

los vientos del miedo al alba de cada día.

Intentan vaciarme el alma,

cegarme los ojos y condenar mi vida

al silencio de quien no quiere pensar.

Los enemigos están ahí:

me llaman consumidor, me dicen parado,

mayoría silenciosa me nombran,

que me joda añaden, violento me proclaman

por no bajar la cabeza y levantar las manos

por entre sus gritos y sus errores,

irresponsable apellidan a la voz que les inquiere,

sin vergüenza me adjetivan vergonzosamente.

No, no es así como se llega.

Estos, que no me representan, no lo saben,

no lo quieren saber, sólo quieren poseer

y dejar caer las vidas que les sobran

hacia los oscuros fríos de la ignorancia,

por las alcantarillas de los corazones rotos,

de las ciudades prisioneras y los bolsillos vacíos.

Y les dejamos hacer inconscientes de nuestro poder,

les dejamos seguir siendo los asesinos

de la herencia de mis abuelos,

los que abrazaban y trabajaban cada nana

con esperanza, con el amor de los ojos claros

en aquellos tiempos tan oscuros.

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