MAÑANA

 

Con la sombra que dejaron

nuestras heridas y cicatrices, regresaré a ti.

Que largo el tiempo de espera

entre dos sueños que no quieren dejar de serlo.

Me hablo a mi misma

como si pudiese aún escucharme,

cuando tú no me miras y parece que es para siempre:

Digo el ruido de colmena de un pensamiento

que se revuelve sin endulzar el aire de marzo,

digo la mirada puesta en los tejados de enfrente,

tan a mano que deslizo mis dedos por los cristales

y toco su altura de tiempo madurado.

Digo el misterio de no salir volando

con tanta cercanía sin renacimiento,

sólo el rosa y blanco del almendro en campos secos

regurgitan el cielo en el oficio de creer y esperar

serenos, agua, entreteniendo como se puede las ganas.

Cada cual dejando heridas y cicatrices

para besarlos en el regreso.

Existe un tiempo en que imagino la vuelta

por encima de las sombras que nos dejan y nos tienen,

por entre los mares de heridas

adormecidas entre los descansos y las noches

y pienso que el momento ya ha llegado

sin que pueda dar respuesta de él,

que me ha poseído ausente,

sin la ternura suficiente para besarlo,

para remarlo a la orilla

donde las pieles sienten su destino

de agua acariciada.

Y es entonces que te pierdo de nuevo,

sin renacerte, ni aclararte las manchas

que quedaron en el camino.

Y te escondes en la voz

de cada noche, casi sangrando

el estupor de un encuentro fallido

como el eco que me dice: mañana.

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