Protestas en Valencia

Las imágenes revuelven mi estómago, las palabras que oigo también. Enemigos, nuestros enemigos, vuelvo a mirar las imágenes y veo un montón de chavales en la calle machacados por las llamadas fuerzas del orden. Me dan miedo, me recuerdan tiempos pasados, cuando yo también protestaba en la calle, mi calle, la de todos, el espacio público donde vivir codo con codo con los otros, cada uno a la suya, eran otros tiempos, pensaba yo ingenuamente, cuando acababa corriendo delante de los “grises”.

Estaba equivocada, y no es un hecho aislado, recordemos lo ocurrido estos meses pasados con los indignados, a palos con ellos, igual que con los estudiantes y siempre hay un político que acaba diciendo que es que entre ellos había escondidos violentos, siempre que alguien protesta contra lo establecido son violentos, agresivos, descontrolados, coño, si daban pena, si pedían educación pública, medios para formarse en igualdad de condiciones, si no se apoya esto ya no se apoya nada, son nuestro futuro, es su presente y su vida la que está en juego.

Nos quejamos de que  la juventud pasa de todo, pero si no pasa se le ataca, si están de fiesta y de botellón apenas se actúa porqué en realidad no molestan a los que desde arriba los miran, pero si piensan, no se puede permitir, hay que tener permisos, hay que ser borrego, hay que protestar en silencio para no molestar a los que están preocupados en ver de que manera esto no cambia porque no interesa que cambie, si  pensásemos más  veríamos lo ridículo de las decisiones tomadas día a día por los que mandan desde su tranquilo y pacífico puesto de poder mirando a la calle sin verla y sin pisarla porqué quienes en ella hacen su vida, no importan ni a la macroeconomía ni a los minipolíticos a su servicio.

Educar élites que apoyen y eternicen el actual sistema les va bien, y se nota en las subvenciones a centros concertados y privados y en los recortes en la pública  por mucho que cínicamente lo  nieguen aquellos a los que elegidos en las urnas se les olvida que están al servicio del pueblo, que dependen de nosotros hasta el punto de que sin nosotros no cobrarían un sueldo, un buen sueldo del erario público que somos nosotros, si, los que en las calles habitamos, disfrutamos, lloramos y porqué no, protestamos.

Están a nuestro servicio, porqué nosotros somos el país a quien tienen el deber de gobernar lo mejor que puedan y sepan y no lo poco que les dejen los actores de las finanzas y la macroeconomía, somos los ciudadanos que los hemos puesto allí, y exigimos de ellos como mínimo, la misma valentía que demuestran nuestros estudiantes, dispuestos a repetir sus protestas a pesar de la amenaza de la carga policial. El gobierno no está dispuesto a ceder, ni el nuestro ni otros muchos, saben que quien sale a calle a protestar un día tras otro sin conseguir nada de aquello que pretenden, acaban desanimados e integrándose, diluyéndose en la masa, agotados, desesperanzados, pensando que nada hay que hacer.

Me dan ganas de llorar, pero no voy a hacerlo, porqué yo soy de las convencidas de que la postura personal y la forma de llevar la propia vida, es lo único que poco a poco produce cambios en la sociedad, por eso voy a apoyar a los estudiantes, porque sólo que unos pocos recuerden toda su vida esta lucha y consigan vivir con la fuerza que esta experiencia les deporte, el mundo, a pesar de los que mandan desde una ventana cerrada a la calle, seguirá cambiando.

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