Blues

Si te tuviera, entre cuencos
de agua imaginada,
crecerían olas con el sonido de tu voz
rompiendo en los bordes atornasolados
de una tormenta en la piel.
Crearía desamparos
para ser cubiertos con besos,
entrando por entre los huesos fríos,
saliendo por las ramas de los cabellos
al viento, cabalgando olas y montañas avenidas con olor a mar y a campo
preñado con sus frutos.
Pediría con la mano abierta en una esquina
que la soledad fuese un canto, para que, quien la sintiera
se sintiese acompañado.
Ordenaría rebeliones y sinfonías
y danzas, entre los que suman
esa mansedumbre tan dúctil al olvido,
tan amables pero tan duros
como la piedra que pasean en el zapato
-desde que el tiempo es memoria-.
Y no huiría de las mañanas
que olvidan la noche que escribieron,
con la pasión de saberse regresados y encontrados,
sin el dolor de presentir
que mañana lloraré nuevamente lo buscado.
Y que el agua sólo será lluvia que lave lo creado.

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