COMPRENDELO

Compréndelo
tengo un hambre insaciable
de palabras que no sé
como saciar.
Tejedor de palabras,
hilvanador de ideas,
de esos pensamientos que aún no llegan
ya se han ido y no se vuelven a encontrar.
Humilde oficio para uno mismo
encerrado siempre entre las paredes
de la propia cabeza.
Cabeza y mano
mano y cabeza,
solitario juego de la vida
hablando de si misma
por voz de otro.
Sin embargo, al fingidor
nadie le comprende
las ganas ni el esfuerzo,
nadie suda las palabras con él,
ni siquiera se intuye
que llegar es ir llegando,
el inicio el fin en sí.
La vida, la muerte misma,
la muerte, el lugar lógico de la vida.
Hambre, el intestino
vuelca su saciedad con premura
y gañe su apetito
devorando al intruso que lo lleva
asido de su cuerpo.

Arte del tiempo, la palabra
inunda el espacio con sus dedos
cruza las calles, los campos
esperando al comensal de la memoria
que le devuelva
la saciedad de su instinto madurado.
Y vuelve el hambre,
la necesidad de recrearla
o inventarla, de dormirle la prisa
por saciarse para seguir despierta a la palabra…

Esta entrada fue publicada en Poesía. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s